viernes, 23 de abril de 2010
Matadracs
Feliç Sant Jordi a tots/es de part del cavaller que recull les roses sense espines, passeu tots un gran dia.
jueves, 22 de abril de 2010
El naturalismo y el realismo
El teatro moderno nace con el realismo, del que el naturalismo es su inevitable acentuación. Cualquier puesta en escena actual con O’neil por ejemplo, nos permitiría reconocer nuestras referencias a nuestro tiempo y a nuestras preocupaciones.
No se puede decir lo mismo del teatro precedente, del drama romántico y postromántico. Llevamos mas de un siglo con el teatro realista y aun se mantienen obras y autores. Ya en plena exaltación había la necesidad de una representación mas acorde con la realidad. En la mayoría de los casos chocaba con los textos: temas, historias, lenguaje…no conectaban con lo cotidiano, con la realidad del espectador. Es muy significativo al respecto que las piezas reconocían la saciedad de la representación romántica.
Obras de autores muy buenos nos han hecho entender que cuando un dramaturgo se adelanta a la escena de su tiempo, esta le impondrá una larga espera con riesgo de desfase, del que solo se salvaran las grandes obras.
Ahí estaba Acribe un maestro en enredos y peripecias que sabe llevar las acciones al limite. La píese bien faite, en expresión corporal al autor, ara fortuna en el teatro realista. Aun en plena época romántica, Acribe oriento la escena hacia la comedia de costumbres, pero en realidad su fama se debe a que constantemente estrenaba obras nuevas. Estamos a las puertas del naturalismo con experiencias que caracterizan la inconstancia realista y afirman la dificultad de establecer compartimientos estancos en arte. La primera constatación es de carácter histórico. En 1857 aparece en Francia la que la crítica considera la máxima novela realista del siglo, Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Con esta novela adaptada al teatro o al cine, nos hacían ver la realidad en la que nosotros vivimos y nos movemos. Pero aparte de Madame Bovary aparece también “Las flores del mal de Baudelaire”, donde se confirma la tendencia posromántica, se anuncia el simbolismo y se profetiza el surrealismo del siglo XX. En 1862 surge el relato de Víctor Hugo “Los miserables”, donde el elemento épico, que se adelanta al socialismo naturalista queda enmarcado en una historia melodramática.
La segunda constatación del fenómeno antes mencionado es de carácter estético, y se refiere a la inconstancia de esos propios dramaturgos realistas, dentro de este marco estilístico. Flaubert necesitaba escapar del detallismo realista y dar rienda suelta a su fantasía e inconsciente.
Por consecuente la práctica totalidad de los naturalistas evolucionaron hacia el simbolismo.
Naturalismo y Simbolismo influirán en la mayoría de las tendencias dramáticas del siglo XX.
No se puede decir lo mismo del teatro precedente, del drama romántico y postromántico. Llevamos mas de un siglo con el teatro realista y aun se mantienen obras y autores. Ya en plena exaltación había la necesidad de una representación mas acorde con la realidad. En la mayoría de los casos chocaba con los textos: temas, historias, lenguaje…no conectaban con lo cotidiano, con la realidad del espectador. Es muy significativo al respecto que las piezas reconocían la saciedad de la representación romántica.
Obras de autores muy buenos nos han hecho entender que cuando un dramaturgo se adelanta a la escena de su tiempo, esta le impondrá una larga espera con riesgo de desfase, del que solo se salvaran las grandes obras.
Ahí estaba Acribe un maestro en enredos y peripecias que sabe llevar las acciones al limite. La píese bien faite, en expresión corporal al autor, ara fortuna en el teatro realista. Aun en plena época romántica, Acribe oriento la escena hacia la comedia de costumbres, pero en realidad su fama se debe a que constantemente estrenaba obras nuevas. Estamos a las puertas del naturalismo con experiencias que caracterizan la inconstancia realista y afirman la dificultad de establecer compartimientos estancos en arte. La primera constatación es de carácter histórico. En 1857 aparece en Francia la que la crítica considera la máxima novela realista del siglo, Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Con esta novela adaptada al teatro o al cine, nos hacían ver la realidad en la que nosotros vivimos y nos movemos. Pero aparte de Madame Bovary aparece también “Las flores del mal de Baudelaire”, donde se confirma la tendencia posromántica, se anuncia el simbolismo y se profetiza el surrealismo del siglo XX. En 1862 surge el relato de Víctor Hugo “Los miserables”, donde el elemento épico, que se adelanta al socialismo naturalista queda enmarcado en una historia melodramática.
La segunda constatación del fenómeno antes mencionado es de carácter estético, y se refiere a la inconstancia de esos propios dramaturgos realistas, dentro de este marco estilístico. Flaubert necesitaba escapar del detallismo realista y dar rienda suelta a su fantasía e inconsciente.
Por consecuente la práctica totalidad de los naturalistas evolucionaron hacia el simbolismo.
Naturalismo y Simbolismo influirán en la mayoría de las tendencias dramáticas del siglo XX.
FIESTA BARROCA
Durante los siglos XVII y XVII en España la celebración de acontecimientos públicos, en los que normalmente se unía lo sacro y lo profano, tuvo un carácter lúdico y propagandístico bajo el signo deslumbrador y sorprendente de la cultura visual barroca, que implicaba una actuación artística para adornar y modificar -aunque fuese de forma temporal- el escenario urbano o al menos aquellas partes que marcaban los itinerarios festivos o ceremoniales.
Con motivo de los recibimientos de personajes ilustres, inauguraciones, canonizaciones o festividades del calendario litúrgico como el Corpus Christi, la ciudad se transformaba. Las fachadas de las casas se revestían con vistosas colgaduras, tapices e incluso con pinturas, por las calles desfilaban espectaculares cortejos animados con profusión de figuras alegóricas, se sucedían carrozas y mojigangas, músicos y danzantes, se encendían luminarias y fuegos de artificio, se organizaban juegos de cañas y corridas de toros, y, según los casos, se construían arcos de triunfo o aparatosas arquitecturas efímeras y tramoyas compuestas por estructuras de madera ricamente adornadas con esculturas y lienzos de complicada iconografía, cargados de mensajes simbólicos procedentes de la literatura emblemática.
Asimismo, los fallecimientos de personajes reales daban lugar a la organización de solemnes exequias. Las decoraciones fúnebres tenían menos opulencia externa que las de los fastos, aunque para celebrar los funerales se fabricaban colosales catafalcos que solían situarse entre los dos coros de la Catedral Primada. Se trataba de obras provisionales de arquitectura en madera, cartón y lienzo, con una rica profusión de cornucopias, pirámides, calaveras, tarjetas con emblemas y jeroglíficos, figuras alegóricas y representaciones simbólicas alusivas tanto a las virtudes y hazañas del difunto, como al poder y gloria de la monarquía.
Entre los años 1650 y 1725 -período acotado para el presente estudio- en Toledo tuvieron especial relieve las fiestas organizadas con motivo de la beatificación de fray Tomás de Villanueva en 1653, la canonización de Fernando III en 1671, la entrada de la reina madre doña Mariana de Austria en 1677, y los recibimientos públicos a Carlos II y Mariana de Neoburgo en 1698 y a Felipe V en 1723, así como la celebración de honras fúnebres por Felipe IV en 1665, por Carlos II en 1700 y por Luis I en 1724, sin olvidar los festejos anuales del Corpus.
Con motivo de los recibimientos de personajes ilustres, inauguraciones, canonizaciones o festividades del calendario litúrgico como el Corpus Christi, la ciudad se transformaba. Las fachadas de las casas se revestían con vistosas colgaduras, tapices e incluso con pinturas, por las calles desfilaban espectaculares cortejos animados con profusión de figuras alegóricas, se sucedían carrozas y mojigangas, músicos y danzantes, se encendían luminarias y fuegos de artificio, se organizaban juegos de cañas y corridas de toros, y, según los casos, se construían arcos de triunfo o aparatosas arquitecturas efímeras y tramoyas compuestas por estructuras de madera ricamente adornadas con esculturas y lienzos de complicada iconografía, cargados de mensajes simbólicos procedentes de la literatura emblemática.
Asimismo, los fallecimientos de personajes reales daban lugar a la organización de solemnes exequias. Las decoraciones fúnebres tenían menos opulencia externa que las de los fastos, aunque para celebrar los funerales se fabricaban colosales catafalcos que solían situarse entre los dos coros de la Catedral Primada. Se trataba de obras provisionales de arquitectura en madera, cartón y lienzo, con una rica profusión de cornucopias, pirámides, calaveras, tarjetas con emblemas y jeroglíficos, figuras alegóricas y representaciones simbólicas alusivas tanto a las virtudes y hazañas del difunto, como al poder y gloria de la monarquía.
Entre los años 1650 y 1725 -período acotado para el presente estudio- en Toledo tuvieron especial relieve las fiestas organizadas con motivo de la beatificación de fray Tomás de Villanueva en 1653, la canonización de Fernando III en 1671, la entrada de la reina madre doña Mariana de Austria en 1677, y los recibimientos públicos a Carlos II y Mariana de Neoburgo en 1698 y a Felipe V en 1723, así como la celebración de honras fúnebres por Felipe IV en 1665, por Carlos II en 1700 y por Luis I en 1724, sin olvidar los festejos anuales del Corpus.
(TRABAJO DE MARINA PUJOL)
lunes, 19 de abril de 2010
Avance
Frente a la ventana, reja. Un objeto antilibertad. Reuno con mis compañeros un requisito necesario para el siguiente paso. Los pajaros piden a gritos que lo hagamos. Rompemos la barrera, nos deshacemos de ella. Caras de felicidad llenan el pequeño patio trasero, donde el aire limpio y las nubes juegan con nosotros. Pero nada más mirar hacia arriba, mis sospechas se cumplen. Hay más ventanas, y por consiguiente más rejas. Más escudos. Mis compañeros no desisten, pero no siguen con el mismo empeño. Ahora que me fijo, ¿seguro que hay rejas? Ni siquiera existen esas ventanas...
Existen, por suerte mis locuras.
Existen, por suerte mis locuras.
Texto en 60 segundos
Aunque escribo rápido, intento fijarme en todo lo que dejo en este papel. Una vida pesimista, un objetivo que empieza a dibujarse en el horizonte, un final que ( necesariamente) conducirá a otros finales...
No pienso en cosas concretas. Ahora me viene a la mente algo que ya se dijo. Empezamos a sacar lo bueno, pero justo cuando las cosas se empiezan a acabar.
Solo advertimos de un peligro cuando ya es inminente y lo tenemos delante. Seguimos siendo seres humanos, y eso me preocupa.
No pienso en cosas concretas. Ahora me viene a la mente algo que ya se dijo. Empezamos a sacar lo bueno, pero justo cuando las cosas se empiezan a acabar.
Solo advertimos de un peligro cuando ya es inminente y lo tenemos delante. Seguimos siendo seres humanos, y eso me preocupa.
Envidia
Envidio a Blanca Nieves y su manzana, Aurora y su alfiler, Alicia y su agujero.
Todas ellas inmersas en un mundo que no es el suyo, que no les trata como se merecen, pero tienen suerte, cuando una muerde su manzana muere pero que casualidad un príncipe la salva, Aurora se desvanece con una gota de sangre pero otro príncipe la despierta y Alicia, que decir, cuando las cosas no salían como esperaba se cae por un agujero que le cambia la vida y como no a mejor. Todas ellas con su atormentada vida que de pronto tiene un final feliz, pero que es de las otras, de todas nosotras, aquellas que no llevamos vestidos rosas hasta los pies, ni lazos y mucho menos coronas, ni siquiera nos gusta el rosa, pero aún así nos merecemos nuestro fueron felices y comieron perdices. Todas y cada una de nosotras vemos pasar nuestra vida por delante de nuestros ojos, azules, verdes, marrones pero a diferencia de esas princesitas nadie nos dice como debemos vivirla, así que si ellas creen que las torturan y que su vida es dura que esperen a vivir las nuestras. En tus cuentos Blanca Nieves los siete enanitos nunca te fallaran, en la vida real cuando menos te lo esperas un enano te apuñala tan hondo que la herida tarda meses en cicatrizar, sabes que Aurora, aquí lo único que te despierta es el sonido del despertador a las nueve de la mañana, a por cierto si nos caemos en un agujero no aparecemos en un país de maravillas sino que nos arañamos las piernas y no hay nadie que nos ayude a salir.
Envidio a Blanca Nieves y su manzana, Aurora y su alfiler, Alicia y su agujero. Todas ellas se sumergen en un sueño del que no despertaran jamás. Odio los cuentos de hadas, pero no porque no sean reales, el motivo es su final, todas esas historias que hacen que te sientas parte de ellas parte de su mundo terminan en la última página, con la última canción, lo que odio es que se acaban y que yo me quedo sola sin mi final. No es difícil de entender lo que quiero es seguir soñando.
Este texto solo es una forma de desahogarme…un intento de desenfadarme con migo misma por no poder vivir igual en mi mundo que en…el mundo.
TEATRO DEL ABSURDO:
Esta clase de teatro nace en el s.XX, las décadas de 1940, 1950,1960, es un genero que surgió a partir de las obras de ciertos autores estadounidenses y europeos de esos tiempos. Los autores utilizaban lo absurdo frente a la ansiedad, lo salvaje, la duda ante el universo inexplicable, lo utilizaban como una forma de transmitir sus sentimientos e inquietudes, por eso son obras llenas de fantasía, sueños, pesadillas. Son obras llenas de subjetivismo, que no muestran la realidad tan y como es sino que exponen la visión de esta del autor.
Dichas obras contienen incoherencia, disparates y hasta pueden parecer ilógicas, aunque manifiestan claramente los pensamientos existencialistas de los autores al igual que cuestionan la sociedad y al hombre disimulándolo a través del humor. En el teatro del absurdo la tragedia y la comedia chocan en una ilustración triste de la condición humana y la absurdidad existencial, donde el dramaturgo viene a ser un investigador que desmantelará el viejo universo cartesiano y su manifestación escénica. Para él, el orden, la libertad, la justicia, la "psicología" y el lenguaje no son más que una serie de sucesivas aproximaciones a una realidad ambigua y decepcionante.
Con este teatro nace un estilo que se caracteriza por la utilización de diálogos repetitivos, las tramas parecen carecer de significado y la falta de secuencia dramática crea atmósferas, los personajes pretenden expresarse pero no pueden lograrlo, sus palabras se ven contra decidas con lo que pasa en el escenario. Los objetos, los accesorios y el decorado adquieren mocha importancia aunque la escena de este teatro presenta casi siempre un mundo vacío, que carece de sentido con objetos que acaban dominando a los personajes.
El autor más representativo del teatro del absurdo es Samuel Beckett con su obra Esperando Godot, en ella se ven claramente los temas y las técnicas que caracterizan este teatro, una obra minimalista, llena de pesimismo sobre la condición humana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)